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Viernes

Opinión : La lectura, los e-readers y el futuro del libro impreso

Steven Dempsey, “Day 27: Downsizing”. Todos los derechos reservados

Hace un par de años diciembre me encontró de trabajadora zafral en la librería universitaria de Minnesota, UofM Bookstores, comprando libros usados a estudiantes que serían vendidos al comienzo del siguiente semestre. Era un trabajo bastante mecánico, ya que tenía una lista de títulos deseables, precios ofrecidos y cantidades aceptables (e información insider sobre próximas nuevas ediciones): se aceptaban hasta cierta cantidad de ejemplares y se pagaba más por los primeros; también se pagaba menos por libros que tendrían que ir a depósito por 6 meses y cero por libros cuya nueva edición los volvería obsoletos en tan solo semanas. Los libros que traían los estudiantes eran en su mayoría manuales de curso, otros eran obras de referencia y unos pocos eran obras literarias (novelas, teatro, poesía) y ensayos. La librería vendía otros tipos de libros (guías de viaje, manuales de cocina, colecciones fotográficas) pero sólo nuevos, no de segunda mano, por lo que no los compraban.

El gran tránsito de material impreso (y también de dinero) que tenía lugar durante pocos días me resultó muy llamativo. Además del lucro de una librería, opuesto al de una biblioteca que me resulta más familiar, me impresionó que los libros, aquellos libros al menos, son artículos de consumo con una vida útil muy limitada a la función de apoyo al aprendizaje. Para sus propietarios no revestían interés alguno más allá del propósito y duración del curso, ni siquiera los clásicos, ya que eran ediciones baratas que probablemente se deteriorarían en poco tiempo.

El costo ambiental del papel y tinta de la enormidad de libros obsoletos y deteriorados que vimos pasar me pareció un despropósito, y dado que ya se vislumbraba que los lectores electrónicos se estaban imponiendo en el mercado me pareció que era sólo una cuestión de tiempo hasta que las editoriales pasaran sus productos de papel a electrónico. McGraw Hill es la primera en vender un paquete a una universidad en un proyecto piloto, en el que los estudiantes tienen permiso para descargar la bibliografía en cuanto se inscriben (y para mi sorpresa, el acuerdo es precisamente en la Universidad de Minnesota).

Ese trajín, más la experiencia propia con un lector de libros electrónicos como el de la foto y mucho tiempo visitando el Internet Archive, me han llevado a las siguientes reflexiones sobre la lectura y el futuro del libro impreso.

En primer lugar nos parece que no se pierde nada (o al menos no se pierde mucho), si los libros de texto pasan a formato electrónico. Cada vez más estudiantes tienen acceso a tabletas, laptops y otros artefactos que efectivamente permiten leer de la pantalla (de hecho en Uruguay con el Plan Ceibal esto marcharía de maravillas), de modo que en un tiempo quizás ya no se justifique seguir imprimiéndolos. Alcanza, creo yo, que la industria editorial se desayune que de un plumazo: a. corta de raíz los costos de impresión, distribución y alojamiento suplantándolos por gastos operativos online (que no son iguales a cero pero estoy segura que son mucho menores), y b. asesta un golpe certero y mortal al mercado de segunda mano, asegurándose que nadie nunca jamás vuelva a compartir un libro (cosa que por ahora solo lograban las editoriales ricas, que pueden prometer nuevas “ediciones” cada año o casi).

Además de la masificación de los e-readers (como el de la foto que ilustra el post) las iniciativas como el Internet Archive, Proyecto Gutemberg y varias bibliotecas nacionales (notablemente Gallica y British Library), están dando lugar a un redescubrimiento de obras de copyright expirado independiente del papel. Esto me lleva a pensar que las ediciones baratas de clásicos son las siguientes en la línea del patíbulo editorial, y que la impresión se reservará progresivamente a los “coffee table books” o ediciones más exquisitas, como las de Penguin.

No es mi opinión original, y definitivamente no es algo que haya observado en librería de Minnesota, pero un género que ya gozaba de buena salud y cuyas ventas se han multiplicado desde la aparición de los e-books son las novelas románticas. Aparentemente ciertos artistas están llamados a pasar de la masificación al culto, porque los lectores (lectoras) prefieren el anonimato de una tableta a una portada típica del género. ¿Quién lo hubiera creído?

En conclusión no creo que el libro impreso vaya a desaparecer en breve pero sí me parece que la venerable palabra “libro” se va a redefinir, o hacer más específica. Quizás hasta caiga en desuso, cuando los autores ya no digan “escribí un libro” sino “escribí una novela”, un ensayo, un manual, o edité una colección de recetas, poesías o lo que corresponda.

No parece tan grave visto así, ¿no creen?

La publicación de la ilustración del post del día de hoy fue amablemente autorizada por su creador, el Sr. Steven Dempsey. Visite su galería en http://stevendempsey.500px.com/

The use of today’s featured picture was kindly permitted by its creator, Mr. Steven Dempsey. Visit his gallery at http://stevendempsey.500px.com/

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About Julia Demasi

Electrical engineering librarian

Discussion

3 thoughts on “Opinión : La lectura, los e-readers y el futuro del libro impreso

  1. menos mal.! espero me de tiempo a morir antes. siiiii, es seguro que muero antes.

    Posted by rebobona | 01/06/2012, 6:15 pm

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