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Bibliografía

La página de bibliografía

Julia Yellow, via Behance Network

Al ingresar al ciclo de educación superior, y a veces antes, nos encontramos con que los trabajos (artículos, monografías) no terminan en la última página sino una más allá: la página de bibliografía.

Los profesores insisten en incluirla aunque no siempre es claro cómo, cuándo ni por qué. Los registros de distintas fuentes en ocasiones no concuerdan (o tienen aspectos diferentes), y copiar la cita de los catálogos tampoco es ausente de fallas. Se supone que hay varios programas que ayudan a armarlas, pero aún así a veces es difícil cuadrar los formularios de ingreso de datos con la información disponible.

Como parece haber una confusión tenaz al respecto, hoy comenzamos una serie de entradas en el blog sobre las citas bibliográficas y los formatos existentes, con la tímida ilusión de aportar a la solución y no al problema en sí.

En primer lugar nos parece muy importante analizar la teleología de las citas bibliográficas y los formatos (también llamados estilos), luego las características sobresalientes de los formatos más usados, y finalmente haremos un repaso histórico de su evolución.

Utilidad de la bibliografía

Las referencias bibliográficas de un artículo (libro, ponencia, monografía, tesis, etc.) inscriben el trabajo dentro de una corriente de pensamiento, le dan contexto, y desarrollan lo que el artículo menciona brevemente o da por sentado. De esta forma, las referencias agregan valor al contenido.

En segundo lugar, las referencias son un ejercicio de honestidad intelectual de ida y vuelta. Al dejar claro la autoría de la información contenida en el artículo, el autor evita el plagio al tiempo que deslinda responsabilidad si la información de una fuente prestigiosa no es correcta.

Los formatos de citas bibliográficas

El orden y forma en la que los datos figuran en un asiento bibliográfico no es una verdad axiomática sino que depende de lo que las normas de cada formato indiquen. El uso de mayúsculas, puntos, comas, espacios, paréntesis, negritas, itálicas, etc. está pre definido y tiene contenido semántico.

Más allá de las diferencias particulares entre los formatos, todos tienen tres efectos muy claramente observables. En primer lugar ayudan a organizar el trabajo, ya que proveen al autor de una rutina para recopilar los datos relevantes de las obras consultadas. En segundo lugar, facilitan la escritura con citerios prestablecidos y lógicos a los que únicamente hay que apegarse. Y finalmente, al exponer consistentemente los datos en determinado orden y con determinado aspecto, ahorran espacio y facilitan la lectura del trabajo.

Aunque resulte un poco tedioso y se sienta que se está poniendo los bueyes delante del carro, vale la pena invertir tiempo y energía en aprender las características de un formato bibliográfico antes de empezar a escribir.

La semana que viene revisaremos las características de la ISO 690 y los formatos MLA e IEEE.

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  1. Pingback: Formatos (o estilos) bibliográficos « Blog de la Biblioteca del IIE - 26/03/2012

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